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Categoría: México

En las últimas semanas, so pretexto de la pandemia por COVID 19, miles de trabajadores han sido despedidos o enviados a casa sin salario  con la incertidumbre que genera no saber cuándo regresaran a trabajar para obtener nuevamente ingresos que les permitan sobrevivir a ellos mismos y a sus dependientes económicos; bajo la misma línea, miles han sido obligados por los patrones a laborar sin medidas higiénicas para evitar contagios, o han tenido que trabajar el doble sin paga adicional, para cubrir a quienes se encuentran en baja por pertenecer al grupo de alto riesgo frente al virus; consecuentemente, ni quien es mandado a cuarentena, ni el que trabaja por ellos, recibe el salario que le corresponde.

Es importante destacar que los despidos y la carga de trabajo extra sin paga, son una práctica regular en las empresas por lo que la pandemia, en muchos casos, es tomada oportunistamente para tratar de justificar dichos métodos que permiten, entre otros beneficios, ahorrar las prestaciones que derivan de la antigüedad laboral. Es desde esta dinámica el auge del cuentapropismo y el trabajo autónomo, que busca esquivar la ruina y el hambre que produce el desempleo, presentándose como una opción mucho más atractiva para quienes, por edad, nivel académico, género, entre otros criterios no son candidatos para emplearse en la industria, o porque sencillamente los salarios que ofrecen en el mercado son insuficientes para los gastos diarios. Así, vemos a sin número de personas que emplean sus finiquitos, liquidaciones, prestamos, o recurren a la venta de sus bienes, para “emprender”. Pero ¿emprender es realmente una opción para el proletariado en paro?, ¿la crisis agudizada por COVID-19, es el tiro de muerte al micronegocio?, ¿la informalidad garantiza la sobrevivencia de los sin trabajo?

Lo cierto es que las cifras hablan por sí mismas; según los resultados de la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las micro, pequeñas y medianas Empresas (ENAPROCE) 2018: las microempresas (con menos de 10 personas trabajando) constituyen el 97.3% de empresas constituidas, la encuesta también arrojó que, al cabo de 5 años, 65 de cada 100 empresas mueren; y al cabo de 10 años, 76 de cada 100. La razón del fracaso del “emprendedurismo”, si bien, es adjudicado (sobre todo por directivos de escuelas que ofrecen la licenciatura en Administración de empresas o afines), al mal manejo del negocio o a la competencia del trabajo informal; lo cierto es que se debe a la desigualdad propia de la dinámica capitalista: el avasallante avance de los monopolios cuya inversión de capital en medios de producción le garantiza reducir costos y aumentar la ganancia, los altos intereses en préstamos bancarios (hay que ver como los bancos cobran intereses elevados que no exentan ni en tiempo de crisis sanitaria), la pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo y un largo etc.  Incluso, las cifras anteriores son bastante optimistas, otras cifras manejan que en menos de dos años el fracaso será del 75% de las empresas surgidas en 2019; por lo que la crisis por el COVID 19 es sólo el tiro de gracia al micronegocio, pero, quien lo deja herido de muerte es el propio capitalismo. 

Igual destino corren los trabajadores autónomos (campesinos, concesionarios del transporte o “socios” de aplicaciones como UBER, etc.), expuestos a las asperezas económicas, inherentes al capitalismo; por poner un ejemplo, el caso de los trabajadores de aplicaciones de mensajería como iVoy, aunque pudiera creerse que, ante la cuarentena a la que orilla el COVID 19 aumentan las entregas a domicilio, lo cierto es que al aumentar el ejercito industrial de reserva, aumenta también la competencia entre los “asociados”, por lo que el número de pedidos que atiende cada mensajero se reduce, reduciendo también sus ingresos.

Otro aspecto que considerar, es la informalidad, un esquema de trabajo muy recurrente entre los desempleados: los hay desde comerciantes que veden almuerzos a los obreros que construyen las grandes edificaciones; tiendas o bares establecidos en locales sin registro, hasta trabajadores autónomos como  carpinteros, mototaxistas, taxistas (llamados piratas), herreros, albañiles, técnicos en refrigeración, etc., cuya taza, según estadísticas, para agosto del 2019 alcanzaba el 56.3% de la población ocupada, sin embargo, un destino inclemente espera a todos ellos, pues para lograr sobrevivir se auto explotan con jornadas extenuantes, sin vacaciones o postergando la atención de su salud para lograr ganancia sobre inversión, sin prestamos para vivienda, sin acceso a la salud pública, que al final tampoco rinde frutos pues es común ver como desaparecen estos pequeños comercios o como dejan de ofertar sus servicios. 

Como vemos, para micronegocios, cuentapropistas formales o informales y pequeños burgueses en general, siempre estará latente la ruina, consecuencia del desarrollo capitalista que propicia la monopolización y aumenta el ejercito industrial de reserva, la pandemia acentúa la crisis es cierto, pero no es responsable de la ruina y pauperización de los sectores populares y de las pequeñas empresas. Al final, la inversión se pierde y obliga a los pequeños arruinados aceptar los miseros sueldos que ofrece mercado laboral o bien los sujeta a apoyos económicos gubernamentales como el de “Jóvenes construyendo el futuro” de $3,748.00 al mes, que, dicho sea de paso, sólo incluye a quienes por edad (18 a 29 años) son los más susceptibles a ser empleados, aunque, con un misero salario.  

Fuentes de información:

https://www.inegi.org.mx/temas/evnm/

https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/enaproce/2018/doc/ENAPROCE2018Pres.pdf

https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Informalidad-repunta-a-56.3-de-la-poblacion-ocupada-20190925-0053.html

Fuente:

El Comunista – Órgano del Comité Central del Partido Comunista de México

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