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El corazón de Julio Anguita ha dejado de latir. Ingresó la madrugada del sábado en la UCI con una parada cardiorrespiratoria. Los pronósticos eran malos pero los deseos se rebelaban. “Volverá a salir, como siempre lo ha hecho”, decían camaradas y amigos con la voz quebrada. Nos había acostumbrado a verle siempre al frente.

Lucidez, honestidad, sabiduría, compromiso, fiel a sus principios. Así le van describiendo en las redes todos los que aprendieron de él y con él.

Julio nació en 1941. Cuando tenía cinco años la familia se trasladó a Córdoba, la que sería su ciudad ya para siempre. Hijo de militar, estudió magisterio y se licenció en Historia por la Universidad de Barcelona. Dio clases durante 15 años por pueblos cordobeses. En 1973 ingresó en el Partido Comunista de España y en 1979 se convirtió en el primer alcalde de la democracia. Fue el más votado, reelegido con mayoría absoluta.

En 1986 dejó la alcaldía para encabezar la candidatura de Izquierda Unida a la Presidencia de la Junta de Andalucía. Consiguió el 17,6% de los votos. Dos años después asumió la Secretaría General del PCE. En 1989 su organización le eligió Coordinador Federal de Izquierda Unida y el electorado le llevó al Congreso de los Diputados. Dio voz a la izquierda comunista en el Parlamento y nos dejó claro cómo tienen que ser los acuerdos: programa, programa y programa.

Con él al frente, Izquierda Unida logró los mejores resultados electorales de su historia. Cuando su corazón le empezó a dar sustos, con un primer infarto en 1993, en plena campaña electoral, y un segundo en 1998, dejó la primera línea de la política y volvió a su instituto. Pero nunca dejo de teorizar, argumentar y organizar la respuesta para combatir a este capitalismo depredador e insaciable.

Mundo Obrero fue una de sus tribunas para comunicarse con la militancia. Sus columnas eran las más leídas. Desde su Atalaya analizaba la coyuntura y trazaba veredas por las que continuar avanzando. Nos dejó una buena hemeroteca a la que poder volver para continuar reflexionando.

Anguita es y será un referente en la defensa de la justicia social, los derechos y la igualdad en nuestro país, como lo hizo hace unos días en la presentación del manifiesto lanzado con el Colectivo Prometeo para encontrar una salida a esta crisis, ya existente pero exacerbada por la pandemia, una salida “para que no hipotequen el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos, porque de cómo salgamos hoy va a depender el mañana”.

Referente también de la dignidad de la política en España, Julio, coherente con sus principios, volvió a marcar la diferencia cuando renunció a la pensión máxima vitalicia a la que tenía derecho como ex parlamentario, argumentando que con su jubilación de maestro era suficiente.

“Siempre ha puesto su compromiso, sabiduría y lucidez en beneficio de la mayoría social”, dicen sus compañeros de IU Andalucía.

Fuente: Mundo Obrero / RedGlobe